Para qué sirve la frutoterapia y sus beneficios

beneficios de la frutoterapia

La frutoterapia es considerada una pseudociencia, la cual se basa en el uso de las propiedades de las frutas para la mejora de la salud, y como solución a muchos problemas relacionados con la misma.

En la actualidad es una práctica que goza de bastante popularidad, y si bien es cierto que las frutas ofrecen diferentes beneficios, no existe una base sólida científica en forma de estudios rigurosos que respalde a la frutoterapia como una práctica efectiva para la solución de determinados problemas.

Para cualquier experto en nutrición deportiva, conocer los beneficios de la fruta será esencial para aconsejar a sus clientes, y por supuesto, es algo obligatorio para un experto en nutrición deportiva vegetariana y vegana.

En este artículo vamos a ver qué es la frutoterapia, las propiedades de las diferentes frutas, y si se trata de una práctica adecuada para la mejora de la salud.

Qué es la frutoterapia y en qué se basa

La frutoterapia es una pseudociencia que se basa en las propiedades curativas de las frutas para mejorar la salud de forma integral.

Su razón de ser se basa en la creencia de que la naturaleza nos da remedios para mantener el equilibrio interno del cuerpo.

En esencia, la frutoterapia se sustenta en la premisa de que las frutas, con su riqueza en vitaminas, minerales y antioxidantes, poseen el potencial de prevenir y tratar diferentes problemas de salud.

Este enfoque no solo considera los beneficios nutricionales de las frutas, sino también su capacidad para fortalecer el sistema inmunológico, mejorar la digestión y contribuir a la vitalidad general.

El origen de la frutoterapia se remonta a culturas antiguas que reconocían la importancia de los alimentos naturales pata la mejora de la salud.

Sin embargo, en 2019, la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías y Prestaciones del Sistema Nacional de Salud (REDETS) realizó un estudio sobre 139 técnicas que se ofrecen como medicina alternativa.

Como resultado de este estudio, se ha determinado en una primera fase que 73 de ellas son consideradas pseudoterapias, ya que no cuentan con ensayos aleatorios, revisiones sistemáticas o metaanálisis que apoyen su eficacia, validez o seguridad.

Entre estas 73 pseudociencias se encuentra la frutoterapia.

Base científica de la frutoterapia

Base científica de la frutoterapia

La frutoterapia no cuenta con una base científica sólida y respaldada, como ya hemos anticipado en el apartado anterior.

Aunque es cierto que muchas frutas son ricas en nutrientes beneficiosos para la salud, la idea de que comerlas de manera específica puede tratar o prevenir enfermedades concretas no tiene evidencia científica sólida.

Los estudios se centran en la dieta en general y en la importancia de consumir una variedad de alimentos, incluyendo frutas y verduras, para mantener una salud óptima.

No hay evidencia científica válida que respalde afirmaciones específicas sobre el uso de frutas como tratamiento exclusivo para enfermedades.

Remarcamos aquí, que el hecho de que existan estudios, no quiere decir que estos sean válidos.

Pese a esto, las frutas son alimentos que deben formar parte de la dieta diaria de las personas, ya que su inclusión en una dieta equilibrada sí que va a favorecer un buen estado de salud gracias a los nutrientes que aportan.

Beneficios generales atribuidos a la frutoterapia

La frutoterapia dice ofrecer una gama de beneficios generales que pueden mejorar el estado de salud de las personas.

Veamos cuáles son, y más adelante trataremos las principales frutas y sus propiedades de manera individual.

Mejora del sistema inmunológico

La frutoterapia puede potenciar el sistema inmunológico.

Las frutas contienen vitaminas y antioxidantes, que desempeñan un papel crucial en la defensa del cuerpo contra enfermedades y patógenos.

La vitamina C, presente en frutas como naranjas y fresas, estimula la producción de glóbulos blancos, fortaleciendo así las defensas naturales del organismo.

Ayuda en enfermedades crónicas

Los antioxidantes presentes en las frutas contrarrestan el estrés oxidativo, un factor clave en el desarrollo de afecciones como enfermedades cardíacas y cáncer.

La fibra dietética presente en manzanas y peras, por ejemplo, también desempeña un papel fundamental en la regulación de los niveles de colesterol y azúcar en sangre, reduciendo el riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2.

Beneficios para la salud digestiva

La ya citada fibra de frutas como plátanos y kiwis promueve la regularidad intestinal y previene problemas como el estreñimiento.

Las enzimas naturales que tienen algunas frutas facilitan la digestión y la absorción de nutrientes, optimizando así la función gastrointestinal.

Mejora de la piel

Hay frutas ricas en antioxidantes, como arándanos y uvas, que combaten los radicales libres responsables del envejecimiento prematuro de la piel.

Además, la vitamina A presente en frutas como mangos y melocotones promueve la regeneración celular y mantiene la piel radiante y saludable.

Pasamos a ver ahora, una a una, las principales frutas y los beneficios que ofrecen dentro de la frutoterapia.

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Propiedades de algunas frutas y verduras en frutoterapia

El albaricoque en frutoterapia

El albaricoque es rico vitaminas antioxidantes A, C y E.

Ofrece beneficios contra la degeneración celular provocada por los radicales libres, los cuales, al acelerar el envejecimiento, están vinculados a diversas enfermedades graves, incluido el cáncer.

Las propiedades antioxidantes del albaricoque se potencian por las catequinas, que desempeñan un papel crucial al contrarrestar la oxidación que podría dañar las células de la piel y los tejidos internos.

Dada su cantidad de betacaroteno o provitamina A, con solo 3 albaricoques se aportan más de la mitad de las unidades internacionales (UI) de betacaroteno requeridas diariamente.

Este componente tiene beneficios en la salud ocular, cutánea y fortalece la resistencia ante infecciones.

Las cerezas en frutoterapia

La cereza nos aporta una generosa cantidad de vitamina C y ácido fólico, junto con cantidades menores de varios minerales.

Sin embargo, su verdadero potencial radica en su riqueza en ácidos orgánicos y compuestos antioxidantes y antiinflamatorios, confiriéndole ciertas propiedades casi medicinales.

Las antocianinas y la quercetina, flavonoide presente en la cereza, son responsables de su efecto antiinflamatorio.

Además, el ácido salicílico, precursor natural de la aspirina, contribuye a este efecto, siendo especialmente útil en casos de hiperuricemia para prevenir la gota y reducir la inflamación aguda y crónica.

Con propiedades diuréticas y depurativas, baja en sodio y rica en potasio, la cereza es recomendada en condiciones como la hipertensión arterial o la retención de líquidos.

La presencia de pectina en las cerezas, una fibra soluble, beneficia la microbiota intestinal, el colesterol y posee un efecto saciante y laxante.

Los antioxidantes, especialmente en antocianinas y ácido elágico, ofrecen los siguientes beneficios:

Desde reducir el riesgo de diabetes hasta proteger el sistema cardiovascular, prevenir trastornos hepáticos, combatir la obesidad, mejorar la apariencia de la piel, regular trastornos intestinales y aliviar la gota.

Finalmente, la cereza, gracias a su contenido en melatonina, será buena para regular el sueño.

La ciruela en frutoterapia

La ciruela en frutoterapia

La ciruelaestá compuesta por agua (83%), fibra (2%), e hidratos de carbono (11%), siendo baja en grasas (0,2%) y proteínas (0,8%) como la mayoría de frutas.

Por cada 100 gramos, las ciruelas frescas aportan potasio (190 mg), calcio (14 mg), fósforo (10 mg), magnesio (8 mg) y hierro (0,10 mg).

Además, son una fuente significativa de vitamina C (9 mg), provitamina A (30 mcg) y vitamina E (0,7 mg).

Esta combinación nutricional convierte a la ciruela en un alimento alcalinizante, depurativo, ligero y tonificante, capaz de estimular el sistema nervioso.

Su bajo contenido calórico y efecto drenante es adecuado para situaciones de sobrepeso.

Los beneficios positivos de la ciruela van desde ofrecer energía física y mental, hasta el mantenimiento de una piel saludable y una buena visión gracias a la vitamina A.

Además, su acción antioxidante, atribuida a las vitaminas E y C, así como a las antocianinas, protege contra los radicales libres.

Su contenido en potasio favorece la regulación hídrica y la reducción de la retención de líquidos, siendo útil incluso en condiciones como reumatismo y enfermedades renales.

La ciruela, al ser rica en oligoelementos como cobre, manganeso, selenio y zinc, promueve un buen funcionamiento celular.

Por último, su efecto desintoxicante, gracias a su acción laxante, puede aliviar el estreñimiento funcional y reducir la carga sobre el hígado.

Las fresas en frutoterapia

Las fresas poseen un notable contenido mineral, destacando especialmente en hierro, siendo junto a la frambuesa y la grosella, la fruta más rica en este elemento, y en magnesio.

Una cantidad de 200 g de fresas nos da el 17% de las necesidades diarias de hierro y el 9% de las de magnesio.

Además, aportan potasio, calcio, fósforo, manganeso, cobre y silicio, convirtiéndose en una opción recomendada para cuando buscamos una remineralización, y para tratar déficits nutricionales.

También, estos 200 g cubren más del 200% de las necesidades diarias de vitamina C, una tercera parte de la vitamina K, una sexta parte del ácido fólico y cantidades notables de vitaminas del grupo B.

El contenido de potasio en las fresas contribuye a aumentar la diuresis, reduciendo la tensión arterial.

Con propiedades alcalinizantes y riqueza en calcio y potasio, las fresas facilitan la eliminación de ácido úrico, previniendo enfermedades como la gota, litiasis biliar y alteraciones hepáticas.

La presencia de ácido salicílico, similar al componente de la aspirina pero de origen natural, como hemos dicho, da a las fresas propiedades antiinflamatorias beneficiosas para afecciones como reumatismo y artritis.

Bajas en calorías y ricas en fibra, las fresas generan sensación de saciedad, siendo ideales para dietas restrictivas.

A pesar de estos beneficios, es importante tener precauciones, ya que las fresas pueden irritar el intestino en personas con algún problema.

No son recomendables para personas con litiasis renal, y algunas personas pueden experimentar reacciones alérgicas debido a su contenido en ácido salicílico.

La granada en frutoterapia

En frutoterapia, la granada es considerada el mejor antioxidante.

Contiene grandes cantidades de fitoquímicos como flavonoides, antocianinas y elagitaninos.

Estos compuestos, pigmentos naturales destinados a proteger la planta contra la luz ultravioleta, bacterias y parásitos, confieren a la granada propiedades muy interesantes.

Numerosos estudios han resaltado los antioxidantes presentes en la granada, equiparándolos al valor del té verde o los arándanos, existiendo aquí una base científica contrastada.

Estos antioxidantes, principalmente el ácido elágico y las antocianinas, benefician la salud vascular al mejorar el estado de los vasos sanguíneos, regular la presión arterial, reducir el endurecimiento de las arterias causado por la oxidación del colesterol y disminuir la retención de LDL, protegiendo así los tejidos y órganos contra enfermedades degenerativas.

El consumo regular de granada, ya sea en forma de zumo o de sus granos, contribuye a reducir el riesgo cardiovascular.

Esto se debe a su capacidad para prevenir la concentración y oxidación del colesterol LDL, así como mejorar la elasticidad de las arterias.

El potasio presente en la granada también regula la tensión arterial.

Considerada una fruta hipocalórica debido a su alto contenido de agua y bajo aporte de carbohidratos, la granada es ideal para dietas de adelgazamiento.

Contiene pectina, una fibra soluble con propiedades depurativas, y sus granos ofrecen fibra no soluble que favorece la saciedad y el tránsito intestinal.

La presencia de taninos hidrolizables en la granada confiere propiedades antiinflamatorias a las mucosas del intestino, y su contenido de ácido cítrico la convierte en un desinfectante efectivo en casos de diarrea infecciosa.

El limón en frutoterapia

Las propiedades del limón lo convierten en un elemento esencial dentro de la frutoterapia.

Aporta el 62% de las necesidades diarias de vitamina C en 100 ml de zumo, esencial para la salud de vasos sanguíneos, huesos, dientes y piel.

La vitamina C promueve la formación de colágeno, beneficia la cicatrización y fortalece el sistema inmunitario.

Cargado con sustancias fitoquímicas, el limón posee terpenos que multiplican la actividad antioxidante de la vitamina C.

Estos combaten los radicales libres, previniendo el envejecimiento prematuro y enfermedades.

El limoneno, una molécula del limón, reduce el riesgo de enfermedades degenerativas, hipertensión, cataratas e infartos.

El limón fortalece las defensas del organismo, siendo recomendado en estados de debilidad, anemia y convalecencia.

Además, reduce la fiebre y alivia el dolor muscular asociado a gripes, catarros e infecciones respiratorias.

La pectina del limón ofrece beneficios antidiarreicos, estimula las secreciones gástricas y alivia la acidez estomacal, vómitos y mareos.

También se destaca por tratar infecciones gástricas y urinarias.

Una práctica habitual es la de iniciar el día con un vaso de agua tibia con el zumo de medio limón, aprovechando la vitamina C, terpenos y ácidos orgánicos.

Esto estimula la depuración del organismo, alcaliniza y favorece la hidratación.

Por último, el limón potencia las propiedades antioxidantes de otros alimentos como los del té verde al mezclar ambos.

La naranja en frutoterapia

Las propiedades de la naranja están vinculadas a su contenido de vitamina C, proporcionando la cantidad diaria necesaria de este nutriente esencial.

La vitamina C, conocida por fortalecer la resistencia a las infecciones, aumenta la absorción de hierro, calcio y fósforo, y actúa como antioxidante.

Más allá de la vitamina C, la naranja ofrece fibra que promueve la salud digestiva y flavonoides que refuerzan el sistema inmunológico.

También contiene tiamina, ácido fólico y, en el caso de las naranjas sanguinas, betacarotenos.

La vitamina C de la naranja facilita la absorción del hierro, haciéndola recomendable para personas anémicas o con menstruaciones abundantes.

La pectina presente en las naranjas contribuye a reducir los niveles de colesterol en la sangre, mostrando resultados prometedores en estudios científicos.

Su contenido en potasio es beneficioso para personas hipertensas.

La vitamina C y el calcio de las naranjas son ideales para proteger huesos, dentadura y reducir la inflamación en problemas como artritis reumatoide y artrosis.

A pesar de sus beneficios, el consumo excesivo de naranjas puede causar problemas en personas propensas a la acidez estomacal y afectar la salud dental debido a la acidez inherente a los cítricos.

La manzana en frutoterapia

La manzana en frutoterapia

La manzana es rica en pectina, una fibra soluble que, al no absorberse en el intestino, forma un gel actuando como emulsión.

Este proceso facilita la eliminación de toxinas con las heces y retiene el agua.

La manzana contiene ácidos orgánicos que suponen entre el 1% y el 1.5% de su peso.

Estos ácidos, al metabolizarse, generan un efecto alcalinizante en la sangre y los tejidos, contrarrestando la acidez que puede propiciar inflamaciones y enfermedades.

Además, renuevan la flora intestinal y actúan como un dentífrico natural.

La manzana, después del membrillo, destaca por su contenido en taninos, reconocidos por sus propiedades astringentes y antiinflamatorias.

Los flavonoides presentes en la manzana previenen la oxidación del colesterol LDL, evitando su depósito en las paredes arteriales.

La manzana es fuente de vitamina C, cubriendo hasta el 30% de las necesidades diarias.

Además, es rica en boro, mineral esencial para diversas funciones, incluida la asimilación de calcio y magnesio, previniendo la osteoporosis.

También aporta vitamina E, potasio y fósforo en proporciones moderadas.

Las sustancias fitoquímicas mencionadas, como pectina, ácidos orgánicos, taninos, flavonoides y boro confieren a la manzana propiedades medicinales tradicionalmente reconocidas, como detener diarreas, combatir el estreñimiento, depurar y estimular el sistema nervioso.

La pera en frutoterapia

La pera constituye una fuente efectiva de energía gracias a su contenido de hidratos de carbono (10,6%).

En cuanto a sus aportes vitamínicos, que son menores que en otras frutas, la pera ofrece 3 mg de vitamina C por cada 100 gramos, así como vitamina E, provitamina A y ácido fólico.

La pera tiene propiedades diuréticas y uricolíticas, disolviendo el ácido úrico.

Esto la hace útil en casos de reumatismo, gota, y artritis.

Con propiedades depurativas, laxantes y remineralizantes, la pera resulta beneficiosa en situaciones de estrés, anemia, diarrea, obesidad e hipertensión arterial.

De fácil y rápida digestión, incluso cocida, la pera mantiene su valor mineral e hidratos de carbono, aunque pierda algunas vitaminas.

Facilita la eliminación de ácido úrico a través de la orina.

Contribuye a alcalinizar la sangre, siendo útil en dietas depurativas para neutralizar residuos tóxicos asociados a dietas ricas en productos de origen animal.

La pera, al estimular la formación de orina y tener una baja presencia de sodio junto con un alto contenido de potasio, ejerce un efecto hipotensor, confirmado científicamente.

Propiedades de la piña en frutoterapia

La piña en frutoterapia

La piña es baja en calorías, estando principalmente compuesta por agua (85%).

Respecto a su contenido nutricional, la piña fresca destaca por su riqueza en vitaminas, especialmente la vitamina C (12 mg/100 g), y contiene vitaminas A, B1, y ácido fólico, aunque en proporciones menores que la vitamina C.

En el ámbito mineral, se destaca por su alto contenido de potasio, seguido por magnesio e hierro.

Un componente peculiar de la piña es la bromelina, una enzima presente en el tallo y el fruto, que facilita la digestión al descomponer las proteínas en aminoácidos, promoviendo así el proceso digestivo.

Sin embargo, su consumo está contraindicado en casos de úlcera gastroduodenal y gastritis debido a su contenido ácido.

La piña es un excelente remedio para el hígado, aumentando la circulación en este órgano vital.

Ejerce una destacada acción antiinflamatoria, siendo útil en casos de tendinitis y afecciones reumáticas con edema de los miembros.

Inhibe la agregación plaquetaria y tiene actividad fibrinolítica, reduciendo el riesgo de embolias.

En casos de resfriado, catarro o sinusitis, la piña actúa como complemento alimentario al disolver las mucosidades y facilitar su eliminación, gracias a su acción proteolítica y contenido de vitamina C.

También contribuye a limpiar y sanar úlceras de la piel, además de mejorar la cicatrización de quemaduras.

El plátano en frutoterapia

Las propiedades del plátano son notables, ya que la pulpa de un plátano maduro ofrece azúcares simples como glucosa, dextrosa y sacarosa, convirtiéndolos en energía inmediata.

Este atributo lo convierte en una opción revitalizante, ideal para recuperar energía entre comidas o durante esfuerzos físicos intensos.

Además, aporta vitaminas del grupo B, vitales para la producción de energía y la protección de los sistemas inmunitario y nervioso.

Es esencial destacar que los hilos del plátano, a menudo desestimados, contienen vitamina B6, calcio, antioxidantes y fibra, por lo que no conviene desecharlos.

Gracias a su contenido de potasio, el plátano es efectivo para disminuir la hipertensión arterial, proporcionando alrededor del 15% de las necesidades diarias de potasio de un adulto.

La capacidad del plátano para regular el tránsito intestinal varía según su madurez.

Los plátanos verdes mejoran el tránsito intestinal debido a su contenido en almidón e hidratos de carbono no asimilables, mientras que los maduros son aconsejables en casos de diarrea, ya que suavizan la mucosa digestiva inflamada.

La alcalinidad del plátano combate la acidosis, equilibrando las reservas alcalinas del organismo.

Consumido maduro antes de las comidas, el plátano neutraliza el exceso de acidez gástrica y alivia los ardores de estómago.

La uva en frutoterapia

La uva en frutoterapia

Desde el punto de vista nutricional, las uvas se destacan como un excelente alimento en frutoterapia.

Con alrededor de 80 calorías por cada 100 g, las uvas proporcionan carbohidratos de rápida asimilación, lo que las convierte en una fuente de energía efectiva.

Destacan por su contenido de vitaminas B6 y ácido fólico, aunque la presencia de vitamina C es más modesta en comparación con otras frutas.

Contienen probióticos, prebióticos, fitoesteroles, carotenoides, polifenoles (como antocianinas, flavonoides y resveratrol), que ofrecen beneficios adicionales.

Con más del 80% de agua, las uvas ayudan a aligerar el organismo y aportan minerales esenciales como potasio, cobre, hierro, calcio, fósforo, magnesio, manganeso, azufre y selenio.

Gracias a compuestos como antocianinas y resveratrol, las uvas combaten el estrés oxidativo, siendo antiinflamatorias, antimicrobianas y anticancerígenas.

La combinación única de polifenoles en las uvas la posiciona como un alimento natural que puede enfrentar el estrés oxidativo de manera integral, complementando sus beneficios antioxidantes.

Estos compuestos también destacan por sus propiedades antiinflamatorias, antimicrobianas y anticancerígenas.

¿Dejar de lado las frutas por que la frutoterapia no tiene base científica?

Evidentemente, no.

No es necesario dejar de lado las frutas en la dieta diaria, ya que son una fuente importante de nutrientes esenciales para la salud.

Aunque la frutoterapia, como tratamiento exclusivo sin otro apoyo, carece de una base científica sólida, esto no elimina el valor nutricional de las frutas.

Las frutas son ricas en vitaminas, minerales, fibra y antioxidantes que desempeñan un papel muy importante en el mantenimiento de la salud.

La clave reside en seguir un enfoque equilibrado y variado en la alimentación, incorporando una gama de alimentos saludables, incluyendo frutas, verduras, cereales enteros y proteínas.

Por lo tanto, debemos consumir varias piezas de fruta al día si nuestra dieta lo permite (por ejemplo, en dietas cetogénicas quedan muy limitadas).


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